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One Piece y la situación del anime a día de hoy

Lo confieso, soy una persona que le gusta el Anime y todo lo que tenga que ver con la animación en general. Bueno, quizás no haya que confesar nada ya que hoy por hoy no está tan mal visto ser uno más del “ganado”, es más, en todo lo referente al mundillo del ocio, cada vez está teniendo más y más impacto la animación oriental aquí en occidente. Esto es algo que por lo cual nos brinda muchas ventajas: más acceso a licencias, merchandising, eventos, etc… Pero en lo que a mí respecta, llega tarde, demasiado tarde, tan tarde que he llegado a un punto que me interesa entre poco o nada la situación actual de este mundillo y relato el por qué de todo esto.

Yo como muchos que empezamos a entrar casi en la frontera de los 30, crecimos en los 90 con un montón de series de animación y no fue hasta mediados de esta década que empezaron a llegarnos joyitas como puede ser Evangelion, Cowboy Bebop, Ghost in the Shell, Akira y un largo etcétera. En mi caso, el medio que me suministraba dicha droga por aquella época fue Locomotion, un canal que se pillaba por satélite que se caracterizaba por emitir todo tipo de animación dirigida a un público adolescente casi rozando la adultez, demostrando que la animación no era cosa de gente inmadura o críos:

 

La labor de esta cadena e Internet, que empezaría a madurar poco a poco desde principios del 2000 por medio de los tan aclamados fansubs, hizo que las empresas empezarán a plantearse que el Anime tuviese cabida en occidente. Y así fue. Entre un montón de licencias nos llegó una serie que se postuló como el sucesor de Dragon Ball: One Piece.

 

Una serie que quiso romper con los estereotipos del genero de acción
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Cuando hablamos de Anime, hablamos de muchos géneros en sí. Estos pueden ir desde el Shoujo caracterizado por tener comedias de situación y entramados amorosos, siempre con mucho azúcar y situaciones forzosas, destinado especialmente a las adolescentes; hasta el Shonen, el cual sería el género de acción donde los personajes se caracterizan por un afán de superación en el que un malo “maloso” aparece y pone en aprietos a los protagonistas, y es gracias a ese mismo afán que son capaces de romper sus barreras y evolucionar en un aspecto siempre físico. Os suena este patrón, ¿verdad?

One Piece (OP) es un Shōnen, siempre lo ha sido y siempre se ha querido vender así pero el OP que conocemos ahora en 2016 dista mucho del OP que comenzó a publicarse en 1997 y a animarse a finales de 1999. Como veis, han pasado casi 20 años y como comprenderéis, 20 años dan para muchos cambios y es poco probable, por no decir imposible, que una serie mantenga una frescura durante tanto tiempo.

OP en sus comienzos se caracterizó por ser una serie de acción pero que su pilar principal siempre fue el humor, un humor en el que se intentaba satirizar en cierta medida así misma y a sus vecinos de como a veces puede ser tan absurdo caer en el despropósito de crear escenas de acción por doquier y cambios de escenas forzadas sin ninguna sustancia donde todo esté orquestado a que el protagonista sea el mejor. No importa quién se ponga en su camino y sus compañeros siempre quedan relegados más que a secundarios, a unos tristes terciarios carentes de personalidad. En OP no te encontrarás esto. Desde el primer capítulo se te presenta una trama simple, carente de quebraderos de cabeza, donde Luffy, nuestro protagonista, desea encontrar el One Piece y eventualmente convertirse en el “Rey de los Piratas”. A lo largo de la serie se mostrarán tramas secundarias interesantes que algunas se cerrarán y otras quedarán en el aire a espera de que algún día se cierren (o no), pero básicamente, ese es el único fin, no hay más.

A partir de esto, ¿Cuál puede ser el aliciente para seguir viendo esta serie sin ser más de lo mismo? El viaje, simplemente. El viaje y el desarrollo de los personajes interactuando entre ellos a medida que se acercan a su objetivo haciendo parada en cada una de las islas que van encontrando, solucionando los problemas que se encuentren en las mismas, siempre con un humor y comedia absurda sin dejar de lado esa seriedad subyacente donde los personajes tendrán que llegar al desenlace en cada una de estas sagas. Como ya digo, una seriedad que no intenta la serie tomársela muy a raya, sin riesgo a caer en el tópico de género de acción. De hecho la animación que destila esta serie es una clara referencia a ello.

Estas escenas demuestran como fue la tesitura de la serie hasta que llegamos a un momento donde ocurre un punto de inflexión en la serie. Como todos sabréis, otro de los pilares de la serie es referente a la Marina el cual intenta poner cierto control en este universo plagado de piratas. Llega un momento en que Luffy y su banda tienen un choque desafortunado con Aokiji, uno de los almirantes, nada más y nada menos que los de mayor rango de la Marina. Evidentemente, caen derrotados todos y de no ser por la clemencia de este, Luffy hubiera acabado muerto. Es entonces cuando empieza a sucederse una serie de eventos a lo largo de la saga de Water 7, donde la banda empieza a cuestionarse que el viaje no serían tan placentero como creían y es normal que a medida que se acerquen más a su objetivo, enemigos más poderosos se encontrarían en su camino. Después ocurre una ruptura en la banda, cuando Usopp decide desertar en un clima de seriedad y confrontación bastante atípico en la serie, el cual es bastante bueno por cierto, y Robin por otro lado es capturada por el gobierno por ser descendiente de uno de los pueblos que se dedicaron a investigar un tema tabú sobre el famoso “siglo vacío” del cual en el universo de OP no sabe absolutamente nada a día de hoy.

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¿Os acordáis cuando todo era cachondeo en la banda y no teníamos que forzar esta seriedad?

Es en la siguiente saga inmediatamente a esta, Ennies Lobby, que empiezan a ocurrir cosas atípicas que llevábamos visto hasta ahora y es en este punto que OP poco a poco se empieza a consolidar como una serie de acción sin más. Una saga donde la tripulación debe hacer piña más que nunca y enfrentarse a un grupo de agentes especiales trabajando bajo el gobierno, el cual se hace llamar Cipher Pol 9 ó CP9. Todo está orquestado de forma que cada uno de los sombrero de paja le toca luchar con uno de estos agentes haciendo gala en cada uno de sus combates de habilidades especiales y “power-ups” donde los personajes evolucionan.

¿Es malo esto? Para nada, es más, es una de las sagas a nivel artístico y de argumento más buenas de la serie pero haciendo alusión al mito de Ícaro, de tanto querer acercarse al sol, terminó derritíendose y fue después de esta saga que comenzó paulatinamente la debacle. Llegamos a Shabaody y ocurre la separación de la banda y el lapso de 2 años, con esa excusa, tenemos unos personajes super vitaminados y ridiculamente fuertes los cuales no suponen ningún desafío a los personajes antagonistas que se le van presentando. Algunos podrá decirme en este punto “Pero bueno, si eso es de lo que siempre se ha tratado en los animes de acción, el que los protagonistas se superen así mismos y derroten a sus enemigos”. Vale, no voy a negar lo contrario pero lo que si os voy a negar es que este sea el eje principal y todo lo que gira a su alrededor vaya en detrimento solamente para poner por delante esto. Por ahí si que no paso, porque ir de esto:

A esto otro:

Es un salto cualitativo importante. Si tenemos a un Luffy en el fragor de la batalla, y aún así, intenta hacer cosas disparatadas, no importa, es la esencia de la serie pero inmediatamente después tenemos un Luffy que es capaz de un puñetazo derrotar a un personaje que 2 años atrás le costó sudar tinta a toda la banda acabar con él. Es ridículo lo mires como lo mires, y una vez más, vuelvo a decir, que no estoy en contra del desarrollo y la mecánica que cogen los personajes en este tipo de géneros siempre y cuando mantenga un respeto a los mismos y a la trama sin caer en despropósitos. Cosa que a partir de ahora no se está cumpliendo y parece que no lo harán nunca más.

El relleno: un mal aceptado por la audiencia nipona

Mención aparte, y no por ello menos importante, está el tan presente problema del relleno y lo que me ha animado en parte a escribir esto. Existe un problema muy presente en el mundo del anime y es que muchas series llevadas a TV, por no decir el 99%, son adaptaciones del manga por lo que se presenta el problema de mantener cierta distancia entre cómic y serie. ¿Qué ocurre cuando esto no es así? Se echa mano del relleno y este puede ser de varios tipos:

  • Un relleno que afecta a la historia original, inventándose sagas o historias alternativas.
  • Un relleno que afecta a la conducción del mismo capítulo añadiéndole elementos superfluos que hacen la historia lenta y tediosa de seguir.

Cuando se trata de seguir una serie tan larga como OP, uno no puede a veces evitar darse descansos porque se puede hacer insufrible seguir el hilo y más cuando se está en una época donde en 20 capítulos no pasa absolutamente nada. Algo impensable hace años pero que se torna rutina cuando se presenta el problema que comentamos. Gajes del oficio.

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No es que nos guste enseñar cacho, es por exigencias del guión y para que no os aburráis entre tanto relleno. Por cierto, cada capítulo las tenemos más grandes y nos platenamos un pase al fisio para la espalda…

Considero que los espectadores japoneses deben ser de los menos exigentes del mundo en este aspecto y a la vista está los hechos. En pocas ocasiones demuestran una crítica constructiva contra este método de prácticas, al cual se une, una animación paupérrima que haría llorar a los mínimos estándares de calidad. Este ejemplo se pudo ver claramente en Dragon Ball Super y la famosa escena de Gokuh luchando contra Bills. Serie que en lo que a mí respecta, huyo de ella como alma lleva el diablo pero confieso que dicho capítulo lo vi con cierta picardía y maldad, sólo para jactarme y reafirmarme del mal rumbo que está llevando la industria del anime. En muchos medios se hicieron eco de las malas críticas que recibió. Aquí en concreto vemos como los fans incluso piden una recogida de firmas a petición para presionar a Toei de respetar un estándar de calidad en la serie, incluso algunos van más lejos y destapan los males de la industria, de como los salarios son bájisimos y las empresas demasiado pequeñas. Por lo que muchas veces trabajan desde casa o echan mano de gente ‘freelance’, los cuales la gran mayoría de veces son aficionados. Todo por cumplir con las entregas semanales.

Pero todo no queda aquí, ni mucho menos, y es que el anime de por sí goza de una falta de originalidad que a veces se la podría comparar fácilmente con la industria del porno. Es increíble cada año la de series que salen emulando lo ya visto, en un intento de replicar la fórmula de la Coca-Cola puedes ver la de series que salen año tras año que si no te dicen el nombre a priori, no sabrías que no te están vendiendo la misma serie. Uno de mis favoritos son todas las series relacionadas con la temática de colegialas en el que si no pones personajes que rocen casi la cuna, no vale. Es algo que roza ya la moral y ética porque muchas veces las ponen en situaciones embarazosas y sobretodo, enseñando más carne de la cuenta y en posturas eróticas, algo simplemente enfermizo a todos los niveles. Esto da mucho que pensar de como son los creadores y el público al que va dirigido pero es que viniendo de Japón, donde todo es tan bizarro y la moral muy ‘a la carta’, no me extraña en absoluto. Sin criticar los gustos de cada uno, pero hay que tener un poco de estómago para ver según que cosas.

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Sustituye las pistolas de agua por ‘ya tu sabeh’ y un pulpo por ahí y tenemos el hentai perfecto.

De hecho, incluso el gran Hayao Miyazaki, puso de manifiesto que uno de los problemas de la industria es que en gran mayoría está dirigido por y para otakus, gente aislada de la realidad centradas únicamente en sus aficiones que se niegan a obtener un feedback y mucho menos enterarse de como de verdad funcionan las cosas.

En definitiva, la situación del anime hoy por hoy es bastante deprimente y no tiene pretensiones de cambiar a corto ni largo plazo. Si hay algo por lo que destaca es por no su carencia de originalidad y reinventar la rueda una y otra vez. ¿Será más culpa de los fans que de los mismos creadores? Posiblemente, me puedo incluir con el caso de OP, porque no. Si me preguntaran si me gusta la serie, diría que me gustó y que ahora, simplemente la soporto y que si por mi fuera, preferiría que se acabase mañana o que Oda me dijera, bajo contrato de silencio, como acaba la serie. Ya con eso me bastaría para decirle adiós. Pero bueno, sobre gustos, no hay nada escrito. Yo mientras tanto, seguiré abrazando a mis clásicos que no envejecen con los años. Si eres nuevo en el mundillo, empieza por ahí y no por el final, si no quieres aborrecerlo desde el ‘vamos’. A mí en lo que respecta, pese a ser un fan del anime, sólo puedo decir adiós por el momento.

Tone

Ingeniero del Software y procrastinador sin remedio, interesado en todo lo que tenga que ver con el mundo del desarrollo web y la inteligencia artificial, no sé si seré el responsable de la creación de Skynet algún día pero se intenta.

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